Manifestaciones posibles de VHL
Sección 2:
VHL en la retina
Cuando los capilares de la retina desarrollan angiomas (técnicamente
denominados hemangioblastomas) empiezan siendo extremadamente pequeños
y difíciles de ver. Un capilar sanguíneo tiene normalmente el
grosor de un glóbulo rojo (también llamado hematíe o eritrocito),
uno de los componentes celulares de la sangre.
Los angiomas normalmente aparecen alrededor del ecuador o periferia de la retina,
lejos del área importante para la visión. A diferencia del ecuador
terrestre, el ecuador del globo ocular es vertical. De pie, si dibuja un círculo
imaginario de arriba a abajo y alrededor por delante y por detrás del
ojo, ese círculo es el ecuador del ojo. Para observar esta zona en toda
su longitud, su oftalmólogo o
optometra necesitará dilatarle la
pupila y utilizar lentes de magnificación para mirar al ojo desde distintos
ángulos; esta técnica se conoce con el nombre de ‘oftalmoscopia
indirecta’. No es un examen de vista común y corriente (véase
la figura 4). Si hay casos de VHL en su familia, debe decírselo a su
oftalmólogo para que él o ella realicen un examen más riguroso
y encuentren posibles angiomas cuando éstos son aún pequeños.
En general, para el tratamiento de estos angiomas, el oftalmólogo le
dirá que acuda a un especialista de retina.
Figura 4: Oftalmólogo explorando el ecuador
del ojo con oftalmoscopio indirecto. Ilustracion de Vincent
Giovannucci, O.D., Auburn, Massachusetts.
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No todos los oftalmólogos y optómetras están familiarizados
con esta rara enfermedad. Busque a un profesional que tenga experiencia en VHL
y que sea capaz de llevar a cabo un examen exhaustivo del fondo y de la periferia
del ojo (con un oftalmoscopio), con la pupila dilatada.
La finalidad de la terapia a la que se someta por su angioma es el mantenerlo
lo suficientemente pequeño como para que no interfiera con la visión.
Los tratamientos terapéuticos más utilizados son el láser
(o cirugía láser) y la crioterapia
(intervención basada en congelación del tejido en un punto muy
localizado). Para más información específica sobre estas
técnicas, la “American Academy of Ophthalmology” (Academia
norteamericana de oftalmología) edita panfletos que seguramente podrá
obtener a través de su oftalmólogo. En ambos casos, estas técnicas
tienen como objetivo prevenir el crecimiento del angioma.
El sesenta por ciento de los pacientes VHL tiene lesiones en la retina. Niños
de 3 años e incluso menores pueden verse afectados, de manera que es
muy importante el screening en niños. Aquellos niños cuyo examen
de ADN resulte positivo deben ser chequeados a partir de su primer año
de vida.
A lo largo de la vida pueden aparecer nuevos angiomas lo que torna importantes
los exámenes periódicos.
Las lesiones en el nervio óptico o sus alrededores son difíciles
de tratar exitosamente. Por fortuna, tienden a crecer lentamente. Póngase
en contacto con la Alianza para saber las últimas recomendaciones.
En general, las lesiones pequeñas pueden ser tratadas con más
éxito que las grandes. Derrames o sangrados de angiomas pueden desembocar
en graves problemas de visión o en desprendimiento de retina, de manera
que son muy importantes el tratamiento y vigilancia precoces.
VHL en el encéfalo y en la médula espinal
Los angiomas del encéfalo (el cual consta de cerebro, cerebelo y tronco
encefálico) se denominan hemangioblastomas.
Un quiste que se desarrolle dentro de la médula espinal se llama siringe
o syrinx. Normalmente, los hemangioblastomas sólo reciben tratamiento
si aparecen síntomas o si crecen muy deprisa. Visitando a su neurólogo
periódicamente o con la frecuencia recomendada por su equipo médico,
los primeros síntomas pueden ser detectados precozmente, y seguidos de
cerca con otros tipos de estudios, como TAC o RMN. Los dolores de espalda y
de cabeza, la pérdida de sensibilidad, los mareos, y la debilidad o dolor
en piernas y brazos son los primeros síntomas que suelen aparecer.
Imagínese que los angiomas son como una verruga interna. La verruga
no representa un problema en sí mientras no interfiera con otras funciones.
Sin embargo, en estas áreas tan delicadas, donde no hay mucho espacio
sobrante, el problema no son las “verrugas” mismas, sino la presión
que ejercen, al crecer, sobre los tejidos del cerebro, el cerebelo, el tronco
encefálico o la médula espinal. De hecho, los síntomas
suelen aparecer debido a la presión local o a un bloqueo en el paso del
liquido cefalorraquídeo. Por otro lado, existe también cierto
riesgo asociado con la extirpación quirúrgica de las lesiones
en estas zonas, así que los riesgos y los beneficios deben sopesarse
cuidadosamente. Suele desaconsejarse la cirugía en tumores asintomáticos,
pero si los síntomas aparecen, se aconseja su resección antes
de que los síntomas se agraven.
Actualmente hay una nueva serie de terapias en fase de prueba. En determinados
casos existe la opción de llevar a cabo intervenciones poco invasivas
para frenar el crecimiento del quiste o para impedir que éste se forme.
El objetivo, al igual que en el ojo, es mantener la lesión
con un tamaño lo suficientemente reducido como para que no cause problemas.
La radiación estereotáxica (a veces también llamada cirugía
con cuchillo gamma o radiochirurgía) por ejemplo, es un tipo de intervención
que no requiere ‘abrir’ al paciente. Consiste en dirigir rayos de
radiación gamma desde un número variable de ángulos (hasta
201 ángulos distintos) de manera que la “descarga” o “zap”
se produzca en un punto muy específico, donde todos los rayos se crucen.
Existen algunos centros especializados en el empleo de radiación estereotáxica
para frenar el crecimiento de los tumores de VHL encéfalicos. Si lo desea,
puede comentar esta opción con su médico, aunque no es un tratamiento
apropiado o recomendable en todos los casos. En cualquier caso, con hemangioblastomas
es muy importante estudiar cada tumor a fondo, y discutir con su neurocirujano
cuál es la terapia más adecuada en cada situación. (Léase
también el apartado ‘Consideraciones
sobre la Cirugia Estereotaxica’).
No hay una solución única que sea adecuada en todas las situaciones.
La decisión sobre el tipo de terapia a seguir suele depender, en gran
parte, de la localización del angioma, de su tamaño y del estado
de salud general de la persona. La mejor opción depende del tipo de tumor
que exista en cada caso. Es importante que cada persona comprenda las opciones
que tiene con la mayor profundidad posible, y que coopere con su equipo médico
para tomar la decisión más adecuada. No tenga miedo a pedir ‘segundas
opiniones’. Los hemangioblastomas son tumores muy infrecuentes. Tanto
si aparecen en pacientes con VHL como en la población general, los hemangioblastomas
son tumores muy raros, y muy pocos cirujanos tienen suficiente experiencia con
su tratamiento y extirpación. Especialmente por esta razón, es
muy recomendable y sensato, tanto para el paciente como para el neurocirujano,
el tener varias opiniones respecto a cómo afrontar el problema.
Consideraciones acerca de la cirugía estereotáxica
La radiocirugía estereotáxica es una técnica quirúrgica
no invasiva similar a la cirugía con láser, que emplea rayos de
radiación en vez de luz. Emplea instrumentos como el cuchillo gamma,
cybercuchillo o acelerador lineal. La técnica puede ser útil en
algunos casos, en particular en el cerebro. Debe considerarse experimental en
otros tejidos. Es importante enfocarla tal como enfocaría cualquier otro
procedimiento quirúrgico, esto es, con saludable respeto, precaución,
incluso escepticismo. Es mejor tener la conversación difícil antes
que después del tratamiento.
El mejor candidato para la cirugía estereotáxica (SRS) es un
tumor de menos de 2 centímetros que no tenga un quiste asociado y no
esté causando síntomas. Los beneficios del SRS suelen verse después
de dos años y entretanto el tumor crecerá antes de empezar a reducirse
de tamaño. Aquellos pacientes que tienen síntomas o quistes suelen
precisar una resección (extirpación) quirúrgica estándar.
Como la SRS funciona mejor con tumores pequeños, algunos de los elegidos
para tratamiento podrían no haber crecido jamás. La mayoría
de los médicos prefiere esperar hasta que el tumor muestre señales
de crecimiento -- pero sin desarrollo de quistes -- antes de considerar el tratamiento.
Nos interesan sus respuestas a la siguiente serie de preguntas, a fin de mejorar
para el próximo paciente. No es nuestra intención alarmarle pero
queremos estar seguros de que usted y su médico examinen todas las posibilidades
antes de la terapia.
A continuación detallamos algunas de las manifestaciones y preguntas
que deben plantearse.
(1) Pida dos opiniones. Recomendamos enfáticamente
consultar con un médico que sea hábil TANTO en micro-cirugía
convencional COMO en radiocirugía estereotáxica. NO basta hablar
sólo con un radiólogo oncólogo o con alguien que sólo
practique la cirugía con cuchillo gamma. Si no puede hallar a alguien
que practique ambas técnicas, asegúrese de consultar con un experto
en el otro método y recibir su opinión. En muchos casos es mejor
aproximarse a un tumor mediante cirugía convencional. Se lo extirpan
de una vez por todas, el tejido se examina con microscopio y el período
de convalecencia se define mejor. Por supuesto, la cirugía convencional
tiene su propio conjunto de riesgos y contraindicaciones, así que necesita
un equipo de profesionales que pueda ayudarle a evaluar adecuadamente las ventajas
y desventajas, a fin de decidir qué es mejor para usted en su situación
particular y en el momento actual.
(2) ¿De qué tamaño es el tumor? Se recomienda
NO tratar un hemangioblastoma que mida más de DOS centímetros.
El tamaño no es el único problema, pero es un problema importante.
Como dice el Dr. Nauta, todo reside en la precisión con que se enfoque
la radiación. Es semejante al intento de generar un agujero mediante
la luz solar y una lupa. Para lograr un agujero pequeño es preciso enfocar
el rayo en un punto pequeño y usar menos radiación. Para lograr
uno más grande es necesario cubrir un campo mayor, emplear menos concentración
y mucha más radiación, a fin de tener éxito. El tumor absorbe
más energía y se hincha más después del tratamiento.
(3) ¿Dónde está el tumor? Una vez tratado,
se hincharán (edema) el tumor y tejidos circundantes. Para usted esto
significa que el tumor crecerá en un primer tiempo, antes de achicarse
y, dependiendo del espacio que haya, sus síntomas empeorarán antes
de aliviarse. ¿En qué posición está el tumor? ¿Qué
síntomas presenta cuando se hincha? ¿Cómo controlará
la hinchazón el médico? ¿Cómo puede usted trabajar
en asociación con el equipo médico, a fin de minimizar la hinchazón
y sobrellevarla? Note que este período de hinchazón no se mide
en días sino en meses. Pregunte a su médico cuánto tiempo
puede durar esta etapa.
(4) ¿Qué peligros corren los tejidos circundantes? Es
habitual que un margen de tejido sano se vea irradiado con una dosis terapéutica.
¿Qué tejidos están en ese margen? ¿Qué haría
el daño? Si el tumor está en una posición vecina al fluido
existe un “margen de error”, pero si está en un punto crítico
el efecto de la radiación en el tejido sano puede ser significativo.
(5) ¿Cuántos tumores se proponen tratar? ¿A
qué intensidad de radiación se verá usted sometido/a? Si
debe tratarse más de un tumor, ¿es adecuado tratarlos todos al
mismo tiempo? ¿O es preferible tratar uno por vez? La cadencia del tratamiento
puede ser crítica para controlar la hinchazón post-operatoria.
(6) ¿Qué medicamentos podría proponer el médico
para el período post-operatorio? ¿Ha tomado usted esos
medicamentos antes? ¿Pueden verificar su sensibilidad al medicamento
antes de usarlo, para prevenir reacciones adversas? Los peores problemas que
hemos visto en la cirugía estereotáxica involucran sensibilidad
al medicamento.
(7) ¿Qué experiencia tiene el equipo médico en
el tratamiento de hemangioblastomas con respecto a otros tumores sólidos?
Los hemangioblastomas reaccionan de maneras diversas al tratamiento
radiológico. Es importante contar con alguien que tenga experiencia en
el tratamiento de hemangioblastomas y que participe en la estrategia de terapia
antes de inciar el tratamiento. Si no puede hallar a una persona en su área
podemos sugerirle fuentes para segundas opiniones. Esto debería ser aceptado
por su equipo médico, tanto para su protección personal como para
la de los profesionales.
VHL en el sistema auditivo
El protocolo de screening incluye una recomendación para que usted se
practique un examen audiométrico. Debe tener un estudio “basal”
para documentar el estado de su audición y verificar periódicamente
si no ha cambiado.
Si nota cambios en su audición u otras indicaciones de problemas en
el oído interno, debe seguir los exámenes con un otorrinolaringólogo.
Además, una prueba de resonancia magnética (RMN) del conducto
auditivo interno puede usarse para detectar un tumor muy infrecuente llamado
tumor del saco endolinfático o ELST, que puede ocurrir en cerca de 15
por ciento de las personas con VHL.
Los tumores ELST se forman en el saco endolinfático o en el hueso temporal,
detrás de la oreja. El ducto endolinfático va desde el oído
interno a la parte trasera del hueso pétreo y desemboca debajo de la
duramadre en la frontera del cerebro en forma de expansión plana, el
saco endolinfático. (Ver figura 5). Esta pequeña estructura está
llena de fluido (denominado endolinfa) y posee un delicado sistema regulatorio
de presión que es responsable de nuestro sentido del equilibrio. La enfermedad
de Menière es otra dolencia causada por un trastorno en esta área
y los ELST suelen ser mal diagnosticados como enfermedad de Menière.
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Figura 5. Saco endolinfático. El
conducto endolinfático se extiende desde el oído interno
a la superficie posterior del peñasco del hueso temporal desembocando
por debajo de la duramadre que lo separa del cerebro, en forma de expansión
aplanada del saco endolinfático.
En la ilustración se puede ver que el ELST está justo contra
la duramadre, membrana fibrosa que recubre el cerebro. La estructura ósea
es el hueso pétreo.
La acumulación de fluido (llamado hydrops) puede
explicar la semejanza con los síntomas de la enfermedad de Menière
(pérdida de audición, tinnitus y vértigo) en pacientes
con ELST. El hydrops puede resultar del bloqueo de la reabsorción
de endolinfa en el saco endolinfático, inflamación que responde
a la hemorragia o a la producción excesiva de fluido por el tumor.
La producción de fluido es típica de otros tumores VHL. Ilustración cortesía del Dr. Lonser, US, NIH. Tal como
se publicó en el VHL Family Forum, 12.2, septiembre 2004.
La gente suele referir cambios en la audición que van desde sutiles
modificaciones en la “textura” a pérdidas serias de audición.
Otros síntomas pueden incluir pérdida, tinnitus (zumbido en los
oídos), mareos, sensación de inflamación en el oído
o debilidad en el nervio que corre por la mejilla, en el rostro. La pérdida
de audición puede acontecer a lo largo de un período de 3 a 6
meses o más aunque suele ocurrir de manera súbita.
Una vez perdida, la audición es muy difícil de recuperar. Nuevamente
en este caso, es importante vigilar cada síntoma precoz y controlar el
problema cuidadosamente para preservar la audición. Si hay pérdida,
se precisará actuar deprisa si se anhela restaurar la capacidad de oír.
Si se descubre un ELST visible en la resonancia magnética, hay que considerar
una cirugía. La extirpación cuidadosa del ELST prevendrá
mayores daños y puede ser llevada a cabo sin perjudicar la audición
o el equilibrio. Esta microcirugía delicada precisa usualmente de un
trabajo de equipo entre el neurocirujano y un neurólogo especialista
en cirugía del oído interno. Póngase en contacto con la
Alianza para recibir ayuda, a fin de localizar a un cirujano familiarizado con
este problema.
VHL y sistema reproductivo
Las personas que padecen VHL deben seguir las mismas medidas preventivas y
de autoexploración que se recomienda al resto de la población
general. El tener VHL no ‘inmuniza’ a nadie frente al resto de enfermedades
que padecen las demás personas. Así, es preciso seguir las mismas
recomendaciones de autoexploración testicular y de mama y poner atención
y cuidado en todos los aspectos de la salud de su sistema reproductivo.
Una ocurrencia notable, asociada con el VHL, aparece en varones: en algunas
familias, hasta el 50% de los hombres con VHL desarrollan adenomas quísticos
del epidídimo. Las mujeres, por
su parte, presentan adenomas quísticos en el ligamento
ancho, que es la estructura femenina correspondiente al epidídimo
en los varones. Ambos tipos de quistes son casi siempre benignos, pero pueden
causar dolor.
En varones
El epidídimo es una glándula en forma de conducto, localizada
detrás del testículo en el escroto, dirigida hacia el conducto
deferente, que transporta el esperma desde el testículo hasta la próstata.
El epidídimo es tan largo como el testículo, y se halla aplanado
en forma de C contra un lateral del testículo. Consta de un sistema tubular
complejo que recoge y almacena los espermatozoides hasta que éstos hagan
falta. Es como el dispositivo detrás del aparato de aire acondicionado,
donde se produce la condensación (Figura 6). Después de haber
sido almacenados en el epidídimo, los espermatozoides son transportados
a través del conducto deferente hasta la próstata, y allí
se mezclan con el fluido seminal procedente de las glándulas seminales
y avanzan a través de la próstata hacia la uretra durante la eyaculación.
En la poblacion general, uno de cada cuatro hombres suele presentar un número
reducido de quistes en el epidídimo. Los quistes en sí no suelen
ser motivo de preocupación, ni suelen detectarse normalmente. Sin em-
bargo, dentro del VHL aparecen los llamados cistadenomas, que sí pueden
ser importantes. Un cistadenoma es un tumor benigno que puede presentar en su
interior uno o más quistes; es, por tanto, mayor que un tumor, y a la
vez más denso que un quiste. Los adenomas quísticos papilares
en el epidídimo se dan muy raramente en la población general.
Pueden aparecer en un testículo (unilateral) o en ambos (bilaterales).
La aparición de adenomas quísticos papilares bilaterales es un
síntoma casi inequívoco de VHL. Su tamaño varía
entre 1 y 5 centímetros (entre 0.3 y 1.7 pulgadas). Un hombre con un
cistadenoma papilar puede sentir como una pequeña piedra en el escroto,
normalmente indolora y estable (no sigue creciendo).

Figura 6. Epidídimo. Izquierda,
sección transversal a través del testículo y el
epidídimo. Derecha, sistema tubular del testículo y del
epidídimo (flecha). Ilustración de Gerhard Spitzer
basada en la de Rauber-Kopsch, del Atlas Ilustrado de Kahle et al.,
2:261. |
Los cistadenomas papilares pueden aparecer durante los años de adolescencia
o más adelante, aunque hay excepciones, como el caso de un hombre que
tenía más de cuarenta años cuando desarrolló estos
quistes por primera vez. Pueden extirparse, si molestan, pero la intervención,
muy parecida a una vasectomía, puede impedir el transporte del esperma
por la sección operada.
No interfieren con la función sexual. En la mayoría de los casos,
el único “problema” provocado por los adenomas quísticos
es el “fastidio” de saber que están ahí. Dependiendo
de su posición, los adenomas quísticos pueden bloquear el transporte
del esperma en el lado operado y provocar infertilidad, aunque esto ocurre muy
raramente. En cualquier caso, si el quiste es doloroso, se debe consultar con
el médico, puesto que puede inflamarse y romperse.
La mejor manera de vigilarlos es practicarse un auto-examen testicular (TSE)
una vez por mes, tal como se recomienda para prevenir el cáncer. El cáncer
testicular NO se asocia con el VHL pero es un riesgo para todos los varones
en la población general. El examen le ayuda a familiarizarse con el tamaño
y forma de cualquier cistadenoma en el epidídimo; asegúrese de
que no hayan crecimientos en los testículos.
-
Examínese después de una ducha caliente. La piel del escroto
está relajada y blanda.
-
Familiarícese con el tamaño, forma y peso habitual de sus
testículos
-
Usando ambas manos, gire suavemente cada testículo con sus dedos
-
Identifique el epidídimo. Es una estructura en forma de cuerda en
la cima y dorso de cada testículo. Esta estructura NO es un crecimiento
anormal, pero cistadenomas en el epidídimo pueden aparecer en ella.
Tome nota de su forma y tamaño y lleve un registro para futuras comparaciones.
-
Busque con cuidado un pequeño crecimiento bajo la piel, delante o
a lo largo de cada testículo. El crecimiento se asemeja a un grano
de arroz crudo o una arveja o guisante cocida pequeña.
-
Informe de cualquier hinchazón a su médico.
Si tiene hinchazón o crecimiento ello no significa que tenga cáncer
testicular pero debe ser chequeado por un especialista.
En mujeres
Un tumor correspondiente puede aparecer en mujeres y se denomina Cistadenoma
Papilar Anexo de Probable Origen Mesonéfrico o del ligamento ancho (en
inglés: Adnexal Papillary Cystadenoma of Probable Mesonephric origin
(APMO). El cistadenoma papilar es un tumor
benigno con uno o más quistes en su interior cuya densidad es mayor que
la de un quiste común. El cistadenoma papilar del ligamento ancho es
raro en la población general.
El ligamento ancho es una hoja de tejido doblada que envuelve el útero,
las trompas de Falopio y los ovarios (Ver figura 7). Las células de esta
zona tienen el mismo origen en el desarrollo del embrión que el epidídimo
en varones.

Figura 7: Ligamento ancho. El ligamento
ancho es un tejido que recubre la parte superior de los órganos
reproductivos femeninos. Su aspecto es semejante a una sábana
con varios dobleces que recubre los ovarios y trompas de Falopio, conectando
estos tejidos con el útero. Algunos de los cistadenomas que aparecen
en el VHL se hallan en los tejidos anexos (adyacentes), que no son parte
del ligamento ancho y suelen surgir debajo de éste. Se denominan
Cistadenomas papilares anexos de probable origen mesonéfrico
(APMO). Ilustración por Frank James. |
Los quistes de ovario o los endometriomas afectan a la totalidad
de la población con relativa frecuencia. Los tumores en esta zona, sin
embargo, no son nada frecuentes, así que si se observa un tumor “atípico”
en el área del ligamento ancho, debe considerarse la posibilidad de que
se trate de un adenoma quístico asociado a VHL.
Se ruega a toda persona en quien se confirme el diagnóstico de un adenoma
quístico del ligamento ancho o de las trompas de Falopio, que por favor
lo comunique a la base de datos de la Alianza Familiar VHL para que vayamos
todos conociendo la enfermedad lo más posible. Puesto que es un tumor
tan raro, a veces el informe patológico no lo define con precisión,
y puede que describa algo así como ‘tumores papilares con bajo
potencial de malignidad’.
VHL y embarazo
Las mujeres que tienen VHL deben considerar con especial cuidado la decisión
de quedar embarazadas. Todavía no hay resultados definitivos, pero la
investigación llevada a cabo hasta el momento parece indicar que el embarazo
no afecta el crecimiento de los tumores de VHL: no los hace crecer más
deprisa ni más despacio. Muchos de los cambios que experimenta la mujer
embarazada pueden enmascarar síntomas de tumores, así que es importante
conocer a fondo el estado de salud de la mujer antes de comenzar el embarazo.
Su volumen de sangre se duplicará durante el embarazo. Si tiene un hemagioblastoma
en el cerebro o la médula espinal o retina este aumento de flujo sanguíneo
puede expandir el tumor por lo menos durante un tiempo en el embarazo. Algunas
mujeres han descrito empeoramiento de síntomas durante la preñez,
seguida por una disminución de los mismos después del parto. En
algunos casos la expansión partió de síntomas leves o ausentes
y creció hasta niveles críticos.
- El peso del feto agregará estrés a su columna vertebral.
Dependiendo de los tumores que ya estén presentes en esa zona el estrés
adicional puede empeorar los síntomas.
- Los fluidos adicionales recargan el trabajo de los riñones. Debe
asegurarse de que su función renal es normal para que sus riñones
le sirvan a usted y a su bebé de manera adecuada.
- El estrés de la preñez y el parto pueden poner de manifesto
un feocromocitoma (Ver la sección siguiente: VHL
en las glándulas suprarrenales). Asegúrese de chequear –y
rechequear—la presencia de un feocromocitoma durante el embarazo para
evitar complicaciones en esta zona.
Una mujer que quiera quedarse embarazada debe, antes de nada, hacerse un chequeo
físico a fondo para localizar e identificar los tumores pre-existentes.
Es importante que consulte con su médico lo que puede pasar si esos tumores
crecen durante el embarazo. Puesto que es preferible durante el embarazo no
hacer tests que requieran radiación para no dañar al bebé,
hay que hacer estos estudios de antemano, para saber a qué se debe prestar
atención. Seguramente los tumores no van a crecer durante los siguientes
9 meses, pero si lo hacen,
- ¿a qué síntomas se debe prestar atención?
- ¿puede ese tumor tener consecuencias graves para la salud de la madre?
- ¿y para la salud del bebé?
Es especialmente importante hacerse una revisión para descartar la existencia
de un feocromocitoma o “feo”.
Este chequeo debe hacerse preferentemente antes de empezar el embarazo, pero
en cualquier caso, tan pronto como sea posible, mucho antes de dar a luz.
Todos estos temas deben hablarse entre la pareja antes de ir adelante con el
embarazo: debe ser una decision conjunta. Por ejemplo, puede que la mujer esté
dispuesta a correr el riesgo, pero puede que el hombre no quiera arriesgar la
vida de la mujer. Es preferible hablar estas cosas y tomar una decisión
conjunta que pasar el resto de la vida con sentimiento de culpa o rabia por
haberse involucrado a ciegas en una situación de riesgo.
Si una mujer que lea esto está ya embarazada, debe hablar con su médico
obstetra cuanto antes, y poner al corriente al equipo médico. Esté
atenta a los síntomas que puedan aparecer e informe a su médico.
Es importante prestar atención a los dolores de cabeza y vómitos;
aunque son frecuentes en mujeres embarazadas, en caso de VHL pueden además
ser indicación de tumores cerebrales. No ignore estos síntomas,
especialmente si persisten o si son particularmente frecuentes. Un poco de malestar
por las mañanas es normal; la frecuencia de vómitos es variable
también en distintas etapas del embarazo, y siempre debe consultar con
su médico para saber si debe preocuparse o no. No se deje dominar por
el pánico; hable con su médico.
Y dos o tres meses después de que nazca el bebé, la madre debe
someterse a otro chequeo a fondo para ver si ha habido algún cambio que
deba vigilar.
VHL en las glándulas suprarrenales
Las glándulas adrenales son pequeñas estructuras de 3 x 2 x 2
centímetros (una pulgada de longitud), situadas por encima de cada uno
de los riñones (Figura 8). En las glándulas adrenales, VHL puede
causar un tipo de tumor llamado feocromocitoma o “feo”. Estos tumores
aparecen con más frecuencia en unas familias que en otras. En familias
donde la manifestación de VHL afecta a las glándulas adrenales,
la aparición de feocromocitomas es bastante común. En general,
dentro de las familias con VHL, los feocromocitomas no suelen ser malignos (menos
del 1% lo son). Si se detectan pronto, pueden tratarse fácilmente, pero
pueden ser mortales si no se tratan, por el peligro que representan para el
sistema vascular en situaciones de estrés como durante una operación,
un accidente o al dar a luz.
| Figura 8: Riñón, páncreas
y glándulas adrenales. La figura muestra la posición
relativa de estos órganos. Ilustración por Gerhahrd Spitzer,
extraída de Kahle et al, Atlas Ilustrado, 2:141 |
|
Las glándulas adrenales secretan las llamadas ‘hormonas del estrés’:
adrenalina y noradrenalina. El cuerpo necesita estas hormonas para poder, entre
otras cosas, responder con rapidez y energía en situaciones de emergencia.
Los feocromocitomas secretan cantidades excesivas de estas hormonas en el torrente
sanguíneo. El síntoma principal de los feocromocitomas es que
la tensión arterial es alta o variable, y se producen elevaciones súbitas
de tensión, lo que indica que la glándula adrenal está
secretando adrenalina en grandes cantidades y “por ráfagas”.
Estas elevaciones súbitas dañan el corazón y pueden causar
infartos o derrames cerebrales. Además, el paciente puede experimentar
dolores de cabeza, aumento en la sudoración, latidos cardíacos
irregulares y sensaciones súbitas de pánico, miedo o rabia.
Nuevas investigaciones indican que los tumores adrenales son cuatro veces más
comunes en personas con VHL de lo que antes se pensaba. Se recomienda que todos
los pacientes con VHL se controlen para buscar la eventual presencia de feos.
Lo usual es que el test inicial se haga a partir de muestras de sangre u orina
y, si se precisa información adicional o si hay síntomas de feo
pero los exámenes de tensión arterial, sangre u orina dan negativos,
se recurra a técnicas de resonancia magnética por imágenes
o PET (tomografía por emisión de
positrones). Es particularmente importante que la presencia de feos sea controlada
con anterioridad a cualquier cirugía, embarazo y parto. Si hay un feocromocitoma
presente es posible evitar complicaciones bloqueando los efectos de las hormonas
de estrés mediante medicamentos, empezando unos siete días antes
del procedimiento.
La precisión de los tests de orina y sangre para determinar la actividad
de un feocromocitoma dependerá en gran medida de su cooperación
durante la preparación del examen. Asegúrese de comunicar al médico
o al tecnólogo en caso de estar tomando medicamentos antidepresivos.
Es conveniente preparar una lista de todos los medicamentos que está
ingiriendo y discutirla con su médico antes del test. Ante instrucciones
diferentes –pues pueden diferir de hospital en hospital debido a distintos
métodos de análisis— siga las instrucciones con cuidado
para evitar interpretaciones falsas. Vea la
sección 5: Preparación para exámenes de feocromocitoma.
Si los exámenes químicos indican la presencia de un feo difícil
de localizar mediante un TAC o una resonancia magnética por imágenes
es recomendable recurrir a una gammagrafía con MIBG
(metayodobencilguanidina) o PET. Estos tests ayudan a localizar
el feo aunque esté fuera de las glándulas suprarrenales. Cuando
así ocurre, se denominan paragangliomas.
Pueden presentarse en cualquier parte del sistema nervioso simpático,
en una línea que abarca desde la ingle hasta el lóbulo de la oreja.
Para hallarlos puede precisarse una multiplicidad de exámenes.
Si se requiere cirugía, el procedimiento estándar es la adrenalectomía
parcial. Los estudios han demostrado que conservando incluso una pequeña
parte del cortex de la glándula adrenal la convalecencia puede ser más
fácil de tolerar. Incluso si tiene otra glándula sana, recuerde
que puede aparecer otro feo en el futuro, capaz de ponerlo/a en riesgo, de manera
que su objetivo es conservar una porción de cada glándula en condiciones
de funcionar.
En años recientes se emplea la laparoscopía para tratar los feos.
La adrenalectomía parcial mediante laparoscopía es posible en
la mayoría de los casos. Con esta técnica hay menor riesgo de
infección y la recuperación es más rápida. Derive
a su médico a los artículos de Walther
et al en la Sección Referencias.
VHL en el riñón
Los riñones son órganos de unos 12 centímetros de longitud
(unas cuatro pulgadas, más o menos del tamaño de un puño)
alojados en la cavidad abdominal (Ver figura 8). En la población general
es frecuente encontrar personas adultas con quistes en el riñón,
lo que indica que la presencia de uno o varios quistes no representa un problema
en sí. Los quistes, en el VHL, son usualmente múltiples pero la
presencia de uno o más quistes simples no es un problema en sí
mismo. También es posible que se formen carcinomas renales, un tipo de
cáncer renal, antaño conocido con el apelativo de hipernefroma.
En general no hay ningún síntoma específico que permita
identificar el problema en sus inicios. Es crucial vigilar los riñones
con atención, incluso antes de la aparición de síntomas.
Los riñones siguen funcionando mientras se producen estos cambios estructurales,
sin presentar síntomas y con exámenes normales de sangre y orina.
Imagine que es igual a tener un lunar en la piel, excepto que no puede verlo
crecer. Cuando es pequeño no hay motivo de alarma. Si el lunar empezase
a aumentar de tamaño o a cambiar de manera sospechosa el médico
recomendaría extirparlo.
Análogamente, si un tumor renal es lo bastante grande al ser descubierto
o si cambia de forma y su ritmo de crecimiento es sospechoso, su equipo médico
puede sugerir una cirugía. Pero no todos los tumores renales precisan
cirugía inmediata. A partir de ciertas características, como la
densidad, forma, tamaño y localización los médicos recomendarán
repetir los exámenes de imágenes o la resección (extirpación
del tumor). Una vez que aparecen, los tumores renales del VHL se comportan igual
que los de la población general. La diferencia es que en el VHL tenemos
la oportunidad de encontrarlos antes que en las personas que padecen cánceres
renales esporádicos. Esto nos da mejores opciones para tratarlos a tiempo,
manteniendo la función renal normal y evitando las peores consecuencias
del cáncer. Al saber que alguien padece VHL y está en riesgo de
desarrollar un cáncer renal, los tumores pueden ser hallados precozmente.
Si se espera la aparición de síntomas el tumor ya estará
en una etapa más peligrosa al ser hallado.
Las opciones difieren en lo tocante al momento preciso para operar, pero hay
un consenso general en este campo. En el VHL, una persona con compromiso renal
desarrolla típicamente una serie de tumores en ambos riñones a
lo largo de varias décadas. Es obvio que no se puede extirpar todo tumor
pequeño porque ello involucraría una pluralidad de cirugías
para la persona y sería difícil de tolerar, en particular para
este órgano pequeño. La meta es mantener la función renal
de la persona a lo largo de la vida, minimizar el número de cirugías
y, con todo, extraer los tumores antes de que metastaticen
y causen crecimientos cancerosos en otros órganos del cuerpo. El aspecto
más delicado es la elección del momento preciso para operar: ni
demasiado pronto ni demasiado tarde.
El objetivo es seguir la progresión de las células desde su condición
inocua hasta una etapa más avanzada pero antes de que sean capaces de
formar metástasis. Si piensa usted en una flor como el diente de león,
empieza en forma de capullo, se convierte en una bella flor amarilla, se torna
blanca y un día las semillas son acarreadas por el viento para alimentar
el prado. Si usted corta la flor amarilla, las semillas aún no están
maduras y no pueden desaparramarse. Las células deben madurar hasta el
punto de ser capaces de sembrar el prado.
Ese es el momento preciso que intentamos definir para los tumores cancerosos.
Los investigadores han identificado una serie de distintas etapas que las células
deben recorrer antes de formar metástasis.
Sería beneficioso contar con algún test fácil de sangre
u orina —una especie de biomarcador—
para chequear la progresión de las células pero este tipo de examen
aún no existe. Lo que sí ha determinado la investigación
es que el tamaño de un tumor sólido es una muestra algo grosera
pero precisa de su ritmo de crecimiento.
Lo usual es que en estos casos no se precisen biopsias, puesto que en el VHL
se tiene la casi certeza acerca del contenido de la estructura. Habrá
cáncer incluso en tumores diminutos. La pregunta es: ¿cuál
es su ritmo de progresión?
En general no se considera que los quistes justifiquen una operación.
Habrá pequeñas semillas tumorales en la pared del quiste y lo
importante será vigilar el crecimiento del tumor, no el quiste en sí
mismo.
El consenso en la reunión de Friburgo (Alemania, 1994) fue recomendar
la intervención quirúrgica sólo cuando el tumor supere
los 3 centímetros. Esta recomendación se verificó por un
centro múltiple de estudio bajo el liderazgo del Dr. Andrew Novick (Steinbach,
1995) y todos los equipos de investigación del VHL ahora siguen esta
pauta. Hasta ahora sólo tenemos tres informes de metástasis verificadas,
generadas a partir de un tumor de menos de 4 centímetros, aunque todos
medían más de 3 centímetros.
Al vigilar sus riñones su equipo médico pretende evaluar si usted
tiene quistes o tumores sólidos. Precisa exámenes de ultrasonido,
tomografía computarizada (TAC) o Resonancia
magnética por imágenes (RMN). Los médicos estudiarán
la densidad de los tejidos, la posición de los tumores, su tamaño
y ritmo de crecimiento. Cada uno de estos métodos de diagnóstico
entregará diferentes tipos de información. Dependiendo de la localización
del tumor y de su propio historial médico su equipo de doctores puede
recomentar los métodos que entreguen la información más
detallada con el menor riesgo para el paciente.
Es importante entender con el mayor detalle posible los descubrimientos médicos
y que el paciente participe en la decisión acerca del momento y del tratamiento.
No se prive de una segunda opinión. La diferencia entre un quiste y un
tumor es materia de debate, dependiendo de la claridad de la imagen y la pericia
del radiólogo que revisa los tumores
VHL. Nuestra propia experiencia revela que aun entre los expertos puede haber
divergencia de opiniones. Aquí, la perspectiva de uno o más médicos
con experiencia en VHL puede marcar la diferencia. Hoy es posible enviar filmes
o discos compactos (CDs) al médico aunque éste viva lejos, incluso
en otro país. Póngase en contacto con la Alianza para hallar un
experto que pueda ayudarlo/a.
La decisión de cuándo y cuánto operar debe hacerla el
equipo médico completo, con la participación importantísima
del paciente, a quien se le deber presentar toda la información. Todos
los puntos de vista y argumentos son importantes: la localizacion del tumor,
el tamaño, el estado físico general del paciente e incluso el
posible deseo del paciente de querer, sencillamente, deshacerse del tumor.
En los casos en que los dos riñones deban extirparse por completo, se
ha observado que los pacientes con VHL son buenos candidatos para transplantes
de riñón (Ver Goldfarb, 1997). Los tumores de VHL crecen a partir
de anormalidades existentes en las células propias del riñón.
Puesto que el riñón transplantado posee el material genético
del donante, en el cual las dos copias del gen de VHL estan intactas, no hay
riesgo de que aparezcan los tumores renales característicos de VHL.
VHL en el pancreas
El páncreas es un órgano que se encuentra alojado en la zona
superior del abdomen, por la parte dorsal, junto al estómago y el intestino
(Figura 7). El páncreas posee dos funciones glandulares. Una de ellas
es producir secreciones necesarias para la digestión que, junto con la
secreción biliar hepática, se vierten al intestino a través
del conducto pancreático. La otra función glandular la llevan
a cabo las ‘células de los islotes pancreáticos’,
donde se produce la insulina, la cual, a su vez, regula el nivel de azúcar
en la sangre.
En general, se considera que las lesiones pancreáticas son las menos
sintomáticas dentro de VHL. Algunas
familias, no obstante, presentan ciertos síntomas leves causados por
quistes pancreáticos. En el páncreas pueden aparecer varios tipos
de lesiones:
Muchas personas con VHL suelen presentar quistes pancreáticos, aunque
la frecuencia de aparición varía mucho. En dos grandes familias
estudiadas, la incidencia de quistes pancreáticos era de 0%, pero en
otras, el 93% de individuos afectados los presentaban. La mayoría de
los quistes, incluso los de mayor tamaño, pueden ser totalmente asintomáticos
y no requerir tratamiento. En algunos casos, ciertos quistes de gran tamaño
pueden presionar contra el estómago y causar malestar. A veces basta
con drenar el quiste quirúrgicamente para que las molestias desaparezcan.
Sin embargo, en el páncreas también pueden aparecer tumores.
Los más frecuentes se llaman adenomas microquísticos y son benignos.
Generalmente no hace falta extirpar estos tumores a no ser que obstruyan el
paso de enzimas y fluidos.
El cirujano y su equipo médico pueden solicitar exámenes adicionales
para detectar una función hormonal defectuosa y aconsejar al paciente
respecto del tratamiento de las masas sólidas del páncreas. El
seguimiento de las masas pancreáticas es muy similar al descrito para
los riñones. A veces su médico puede pedir que se le hagan otros
tests adicionales, como por ejemplo, para detectar anomalías en la función
hormonal. Dependiendo de su tamaño y localización, los quistes
y tumores pancreáticos pueden ocasionar problemas en el funcionamiento
del órgano, además de otros problemas ‘estructurales’
(de espacio). Es posible que se prescriban enzimas digestivas para conservar
la salud. Un médico endocrinólogo
puede colaborar con su equipo médico para seguir la evolución
y tratamiento de los tumores de VHL en el páncreas.
En algún caso, pueden aparecer tantos quistes en el páncreas
que éste deja de funcionar y el paciente empezará a presentar
síntomas como deposiciones grasientas y diarrea. Estos síntomas
pueden aliviarse si se suplementan los enzimas pancreáticos en forma
de medicamento. En algún otro caso aislado ha aparecido diabetes (dependiente
de insulina). Si las lesiones obstruyen el conducto biliar, puede aparecer ictericia,
dolor, inflamación o infección abdominales. La ictericia consiste
en que la piel y la orina se vuelven amarillos y las heces mucho más
claras. El dolor en la zona del páncreas, como en muchos otros casos,
será un buen indicador de que algo va mal, y debe recibir asistencia
médica inmediata, ya que una de las posibles consecuencias, la pancreatitis,
es una condición médica grave que require atención inmediata.
Lo peligroso en el páncreas son los tumores (no los quistes) que se
forman en la parte del páncreas con células de los islotes pancreáticos
pues pueden ser tumores pancreáticos neuroendocrinos. Pueden crecer rápidamente,
causar obstrucciones del conducto biliar, ocasionar bajadas súbitas de
glucosa y desmayos; además pueden metastatizar en los huesos o en el
hígado. La localización del tumor es importante al momento de
decidir operar. Un tumor pequeño que crezca rápidamente cerca
de una estructura importante en la cabeza del páncreas puede precisar
cirugía inmediata y un tumor de gran tamaño en la cola del páncreas
puede ser vigilado. El tipo de cirugía varía según la localización.
Es posible que baste extirpar pequeños tumores o porciones del páncreas.
Un cirujano experto en tumores pancreáticos neuroendocrinos es esencial
para que ayude al paciente a decidir la mejor opción terapéutica.
En general, el protocolo es extirpar los tumores pancreáticos neuroendocrinos
cuyo tamaño supere los 3 centímetros ya sea en el cuerpo o la
cola del páncreas y cuando superan los 2 centímetros en la cabeza
del órgano. Suele emplearse la laparoscopía para la resección
de estos tumores.
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Figura 9: La flor diente de león demuestra
que las células necesitan madurar hasta cierto punto antes de saber
cómo enviar semillas y plantar tumores en otras zonas. No es preciso
extraer cada célula verde pero es importante resecarlas cuando
se ponen amarillas. Para controlar el VHL, usted y su equipo médico
han de encontrar el punto exacto de equilibrio a fin de evitar un cáncer
metastático y mantener la salud.
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El texto continúa
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