Se recomienda prudencia ante la radiocirugía estereotáxica
Por Gail S. Tennessee y Joyce Graff
traducto por Pierre Jacomet
Cuando la gente se entera de que mi hermana, mi madre y yo misma nos
hemos sometido a la cirugía estereotáxica nos bombardean
a preguntas. ¿Cómo evaluamos el procedimiento? ¿Lo
recomendaríamos?
En los últimos años hemos aprendido mucho al respecto. Sabemos cuándo
la radiocirugía estereotáxica (SRS) es excelente y cuándo
es una mala opción. Es muy seductora. Ingresas en el hospital para un tratamiento
de un día, como si se tratase de una visita al dentista; luego vas a almorzar
a un restaurante… ¡fantástico! Comparada con otros procedimientos
quirúrgicos parece estupenda. Pero hay muchas cosas que no te dicen antes.
El Dr. Oldfield, del Instituto nacional de la salud de Estados Unidos, sugirió
a mi hermana Carolyn considerar la radiocirugía estereotáxica
(SR) para sus tres tumores cerebrales. Creía que el tamaño de
los tumores era el adecuado y que su localización eliminaría el
problema del edema postoperatorio. Además, ninguno tenía quistes.
Mi hermana confirmó esta sugerencia con la clínica en Memphis
y se sometió al procedimiento en otoño del año 1996. Tuvo
algunos dolores de cabeza pero escasas reacciones negativas al tratamiento.
Después de su chequeo, a los noventa días, los médicos
veían mejoras, incluso reducción de los tumores. Estábamos
encantadas por ella, y algo envidiosas.
“Yo también quiero ese tratamiento” –dijo mi madre.
Al ver el éxito en Carolyn, preguntó en el centro de cuidados
clínicos si era posible tratar de igual manera sus dos tumores cerebrales.
El procedimiento se llevó a cabo en diciembre de 1996 y las cosas andaban
bien. Uno de los tumores tenía un quiste, pero el equipo de SR supuso
que una vez reducido el tamaño del tumor el quiste también se
achicaría. Mi madre estaba encantada ante la idea de no tener que someterse
a más operaciones convencionales.
Cuando se presentó al chequeo en mayo de 1997, la resonancia magnética
por imágenes demostró que el tumor había desaparecido,
aunque el quiste seguía allí. Los resultados parecían buenos
y Carolyn, por su parte, estaba bien.
“Yo también quiero” –dije. Tenía un hemangioblastoma
con un quiste, que no producía síntomas, pero esta parecía
una manera tan fácil de eliminarlos que decidí ir adelante con
el tratamiento.
Puesto que formo parte del protocolo de investigación del instituto
nacional de la salud en EE.UU., estaba en contacto con las enfermeras e investigadores
y el rumor de mi operación llegó a oídos del Dr. Oldfield.
El día antes del procedimiento me llamó y dijo que deberíamos
hablar más acerca de la radiocirugía estereotáxica antes
de seguir. Dijo que si bien los tumores de Carolyn tenían el tamaño
y la localización adecuados para un tratamiento exitoso, el mío,
con su quiste, no era buen candidato. Aunque el procedimiento pudiese achicar
el tumor, no lo haría de inmediato y, por otra parte, se correría
el peligro de que el quiste creciera más una vez controlado el tumor.
Me advirtió que seguir adelante con este tratamiento podía ser
arriesgado en mi caso y que para este tipo específico de tumor recomendaba
cirugía convencional.
Igual que otras personas con enfermedades graves, enfrentaba un dilema. Por
un lado estaba un cirujano, por quien sentía enorme respeto, diciéndome
que era peligroso; por otro, el médico del centro de operaciones con
cuchillo gamma (forma de SRS) aseguraba poder tratar la lesión con éxito.
Mi madre y mi hermana habían obtenido buenos resultados, aunque mi madre
tenía un quiste. ¿Cómo tomar una decisión? Leí
artículos en Medline. Detallaban una muestra de diez pacientes con hemangioblastoma
quístico. Seis tuvieron problemas después de la cirugía,
dos tenían problemas serios y uno precisaba una cirugía convencional
de urgencia. Pensé que diez no era una muestra importante y concluí
que los resultados negativos no ocurrirían en mi caso.
Llamé al médico que iba a proceder con el SR para comunicarle
la opinión del Dr. Oldfield. Investigó por su cuenta y consultó
la base de datos del SR. Leyó el artículo que yo había
encontrado en Medline. No halló datos que indicaran que los hemangioblastomas
quísticos no fuesen buenos candidatos para el procedimiento. Me alentó
para seguir adelante con mis planes.
Me sentí obligada a seguir al día siguiente con el tratamiento
ya programado. Por sobre todo, anhelaba que fuera exitoso. Quería creer
que tendría el mismo éxito que mi madre y mi hermana. No quería
cirugía, no quería una “cremallera” (zipper) en la
nuca. Así, me sometí al tratamiento, fui a almorzar después
de la operación y sentí que había tomado la decisión
correcta.
Entonces empezó la pesadilla.
En junio de 1997 mi madre empezó a padecer dolores de cabeza, grandes
dolores de cabeza. Le recetaron esteroides y aumentaron paulatinamente la dosis,
sin resultado ninguno. Sentía más y más presión
en la cabeza, su cerebro se hinchaba. Durante el verano tuvo reacciones adversas
a las cantidades de decadron que ingería. Cambiaron la medicación,
pero su cerebro seguía hinchándose. Migrañas, visión
doble, dificultad para caminar –cosas que hoy sabemos resultan de la reacción
a largo plazo a la radiocirugía. Los esteroides causaban problemas por
sí mismos –grandes dosis, reacciones negativas, rápida interrupción
del medicamento y reacciones ante la misma, diverticulitis —en suma, un
cuadro negativo. Mi madre ahora estaba confinada al lecho en el hospital.
Debido a las crisis de mi madre, no asistí al chequeo de los tres meses
después de mi operación, Después de todo, me sentía
bien y me preocupaba mi madre. En septiembre empecé a tener terribles
dolores de cabeza y en octubre me operaron para extraer un quiste de 31mm de
mi cerebro. El quiste había seguido creciendo y por último tuvo
que ser resecado mediante cirugía convencional.
Mi madre sufría dolores increíbles. Al principio se culpó
a la almohada u otras quejas típicas de hospital pero finalmente, junto
con mi hermana, convencimos al hospital de que mi madre no era gemebunda y de
que era imprescindible practicar una resonancia magnética. Apenas vieron
los resultados programaron una cirugía de urgencia para extraer el tumor
y el quiste, que seguía creciendo. Aún hoy sufre de mareos y debilidad
en las piernas y su cerebro muestra señales de hinchazón, diecisiete
meses después del SR. Siguen disminuyendo sus dosis de esteroides.
Aprendimos que la radiocirugía estereotáxica puede ser maravillosa
o aterradora. Gracias a los conocimientos acumulados durante los cinco años
de experiencia en diversos centros de tratamiento SR por el instituto nacional
de la salud (NIH) y por la Alianza familiar VHL, cuyos afiliados comunican sus
propias vivencias, hoy contamos con buenas indicaciones acerca de las posibilidades
de éxito SR. También sabemos cuándo no es recomendable.
En la reunión de Bethesda acerca de la cirugía estereotáxica
se definieron ciertas pautas; los hemangioblastomas que responden mejor al SR
miden 10-12mm o menos y no tienen quistes anexos que generen presión
al interior del cráneo (ver Adler).
Es importante saber cómo funciona el asunto. Todos deben saber que los
hemangioblastomas son tumores raros y que la mayoría de los centros de
cuidado clínico tiene poca experiencia en ellos; representan el 2% de
la totalidad de tumores cerebrales y reaccionan de manera diferente ante el
SR. Por esa razón es crucial compartir nuestras experiencias con la Alianza
y asegurarnos de que los resultados, buenos o malos, contribuyan a incrementar
nuestros conocimientos para generar mejores logros en el futuro. Por ejemplo,
las reacciones adversas ante el decadron (esteroides) no aparecían en
ningún trabajo médico sobre el SR porque el procedimiento funcionaba
bien: la droga era la causa del problema. Sin embargo, la Alianza ha recogido
información acerca de cuatro casos. Si recordamos que no más de
cien pacientes han sido tratados con SR, cuatro es una muestra significativa.
A través de la Alianza podemos compartir la experiencia humana real del
procedimiento y decidir si es un éxito. ¿Cuánto trastorno
en nuestras vidas causó el SR? ¿Obtuvimos los resultados esperados?
¿Valía la pena?
En lo esencial, el SR bombardea el tumor con rayos de radiación a partir
de ángulos diferentes, de manera que los tejidos irradiados a través
de tejidos sanos involucran dosis mínimas de radiación para éstos.
Cuando los rayos convergen en el lugar preciso, el tumor recibe la suma de radiaciones
de todos los rayos —la “dosis quirúrgica” destinada
a destruir el tumor. Pero ello no ocurre de inmediato. Igual que en cualquier
quemadura, la zona se inflama por un tiempo y luego sana; en el mejor de los
casos deja el tumor seco y muerto. Con las quemaduras que padecemos en la cocina
la inflamación perdura por algunas horas o días y luego empieza
a sanar. Pero con la quemadura de una radiación el ciclo de inflamación
y sanación puede perdurar meses o años, dependiendo de la dosis
aplicada. Los tumores sólidos se secan y aniquilan, pero los hemangioblastomas
se inflaman.
Hay maneras de reducir la inflamación. Los médicos suelen “fraccionar”
la dosis o dividirla en varias sesiones. El Dr. Harin J. W. Nauta lo compara
con la diferencia entre pasar dos horas al sol en la playa el primer día
de vacaciones o pasar diez minutos al sol dos veces diarias durante una semana.
Habremos pasado las mismas dos horas al sol, pero lo más probable es
que no nos hayamos quemado. En otras palabras, “fraccionamos” nuestra
exposición a los rayos solares.
Aliento a todos a conversar el tema con sus médicos en una charla seria,
abierta, tanto con el neurocirujano como con el radiólogo oncólogo
y plantear todas las preguntas “duras” que aparecen en el folleto
VHL. Las preguntas están allí por una razón: representan
el difícil aprendizaje de familias como la mía, cuyos resultados
no fueron excelentes porque no tenían la información necesaria.
No seamos testarudos, como lo fui yo. Quería evitar la cirugía
convencional pero de todos modos tuve que someterme a ella. Después de
todo, terminé con una “cremallera” pero no es tan terrible
porque está oculta bajo el pelo.
Pida una segunda y tercera opinión. Solicite a uno de los doctores con
experiencia en hemangioblastomas que revise el plan de tratamiento antes, no
después de haberlo practicado. Una vez aplicada la dosis de radiación
no es posible retirarla. El paciente está en una montaña rusa
y tiene que recorrer todo el camino.
Y si debe someterse al procedimiento, asegúrese de ir a los seguimientos
oportunamente, no minimice su importancia, aunque se sienta bien. Asegúrese
de que los médicos monitorizan la presión en el interior de su
cráneo, especialmente si sufre de dolores de cabeza, trastornos de la
visión u otros síntomas neurológicos. Con un monitorización
adecuado hay mejores posibilidades de controlar las consecuencias negativas.
Carolyn sigue bien. Para ella, la radiocirugía estereotáxica
fue la opción adecuada. El seguimiento de sus tumores muestra que se
están secando, tal como se planeó.
Yo estoy de vuelta en el trabajo y bien después de la cirugía
convencional de cerebro, seis meses después del SR. Aunque la radiación
no hizo progresar el quiste, tampoco logró disminuir su tendencia natural
a crecer. Para mí, de entrada, la mejor alternativa era la cirugía
convencional.
Mi madre sigue frágil y en mala salud, aunque se está recuperando
lentamente de una experiencia casi fatal y de cuatro meses en el hospital, que
empezaron seis meses después del SR. Por supuesto, no hay manera de saber
qué habría ocurrido si hubiese optado por la cirugía convencional
desde el principio, pero no podría haber sido peor que esto.
(Nuevo artículo de Adler, publicado en julio 1998)
“Creemos que los pacientes VHL con diagnóstico definido, que presentan
hemangioblastomas pequeños (<3cm) y sólidos sin efecto de masa
son candidatos razonables para el SR… La resección microquirúrgica
sigue siendo el tratamiento adecuado para la gran mayoría de los hemangioblastomas
quísticos sintomáticos… por la necesidad de eliminar los
efectos de masa… Para los pacientes con lesiones muy numerosas el tratamiento
se limita a tumores sintomáticos en crecimiento, aparentes radiográficamente,
a fin de minimizar los efectos de radiación excesiva”. (Chang et
al., “Treatment of hemangioblastomas in von Hippel-Lindau disease with
Linear Accelerator-based Radiosurgery”, Neurosurgery 43:1, July 1998)
Vea en el folleto: Preguntas que puede
plantear a su doctor.
Tal como aparece en el VHL Forum 6:2, junio de 1998. Para reimprimir
por favor póngase en contacto con la Alianza familiar VHL, info-es@vhl.org
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